24/2/09

23/2/09

5/2/09

Cena del siglo XIX

Teníamos por costumbre organizar mensualmente orgías gastronómicas temáticas.
Una vez el tema fue Francia, otra Paraguay, también tocó Suecia y México pero en una ocasión, a mi amigo el lexicólogo se le ocurrió elegir: Siglo XIX.
El desafío consistía en que cada pareja (éramos tres), se ocupara de buscar información relevante, en primer lugar, respecto a la comida y además, sobre costumbres, música, vestimenta y todo tipo de datos interesantes del país elegido.
Nos resultaba corto el plazo para recabar todo lo necesario, eso nos ponía más nerviosos, pero de todos modos cumplíamos rigurosamente con lo que a cada uno le tocaba averiguar.


La noche de invierno que correspondía a la cena del Siglo XIX, a la hora indicada, llegamos a la casa de Juan Justino y Lilian. Nos recibieron con una mesa que lucía una hermosa vajilla antigua, copas de cristal, velas en todo el ambiente y una música clásica de fondo que hacía bajar las revoluciones de cualquier ser viviente.
Al poco rato llegaron Susana y Eduardo con las fuentes repletas, prontas para ser servidas.
Comenzaba la fiesta y todos desbordábamos entusiasmo y deseos de compartir el “aporte” de la ocasión.
Susana y Eduardo comentaron la elaboración del plato principal en base a carne de pollo y guarniciones varias que daban color y exquisito sabor al menú. Todo era importante, la presentación, los aromas, las texturas y la temperatura. Todo resultó un manjar que realzaba maravillosamente los sentidos.
La jarra con el líquido oscuro estaba pronta para llenar las copas, pero en determinado momento, Juan explicó que no contenía jugo de uvas y nos dio la chance de adivinar qué era.

Al oler el líquido detectamos el característico olor dulzón de la Coca Cola y estallamos en quejas porque eso no era propio del tema del día.
Con la calma infinita que caracteriza a mi amigo, tomó la palabra y nos dio una exhaustiva explicación del origen de la bebida:
John Pemberton, un farmacéutico de Atlanta, luchó a
favor de los confederados en la guerra donde parece que, debido a sus heridas,
se pudo hacer adicto a la morfina y la cocaína. Por ello se esforzó en crear una
bebida que mezclara el alcohol y la coca: El vino de coca, predecesor de la
Coca-Cola. Elaboró ese brebaje a partir de una receta francesa llamada Vin
Mariani en 1884. A esta mezcla la llamó "Pemberton's French Wine Coca". Debido a
la entrada de la ley seca, empezó a investigar cómo podría hacer que ese jarabe
dejase de tener alcohol sin perder su sabor. El 8 de mayo de 1886 vendió las
primeras botellas de este nuevo brebaje al que llamo Coca-Cola. En sus
comienzos, fue introducida comercialmente como "un tónico efectivo para el
cerebro y los nervios".

Agregó que, durante días tuvo varias botellas destapadas para que perdieran todo el gas, porque esa era la manera como se tomaba en aquellos tiempos.
¡Prueba superada! voceamos, y lo aplaudimos por el hallazgo e información compartida.

A mí me tocaba hacer el postre. Angustiada durante días por no saber qué elegir, comenté mi inquietud con una compañera de trabajo de origen suizo. Gentilmente me ofreció en préstamo la libreta de anotaciones de su abuelo confitero y repostero de fines de siglo XIX. Al leer las delgadas hojas amarillas escritas a pluma, encontré la “ambrosia” (comida de los dioses) definida como una ensalada de frutas que se cubre con una preparación de agua azúcar, leche y huevos. Seleccioné los frutos más coloridos y frescos que pude encontrar en esa época del año y los vertí cortados en una hermosa fuente de fina porcelana obsequiada por una tía de mi entonces marido. Databa del año 1880 aproximadamente.
La historia del hallazgo de la libreta de anotaciones del viejo confitero suizo conmovió a los comensales. Nuestras papilas gustativas terminaron de estallar de placer al degustar el dulce manjar.
Para finalizar la velada, mi amiga Lilian, la anfitriona, trajo un recipiente con poca profundidad y lo colocó en el centro de la mesa, vertió un poco de aguardiente en él, encendió un fósforo, dejó que se calentara y en la penumbra del comedor las llamas celestes-violáceas emergieron e iluminaron indirectamente las copas con champagne. En un momento de recogimiento, emocionados, brindamos por la amistad, felices de poder compartir un momento tan especial.





Simplemente hermosa


Quiero describirla pero no puedo...
Prefiero contemplarla y llenarme de sensaciones.
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