18/11/09

semicírculo perfecto
















No vi ningún compás cerca, pero de un momento a otro, apareció esta imagen en el cielo dibujando, de lado a lado de la carretera, un perfecto semicírculo (como los que trazábamos en el liceo en las clases de matemáticas).

Lo vi en su plenitud, con los colores bien delimitados y sobre un cielo rosa-lila que lo hacía lucir más hermoso aún.

No tenía la cámara a mano, así que con el celular, a través del parabrisas mojado, capté
parcialmente las imágenes de a pedacitos, lo mejor que pude
(perdonen la calidad de las fotografías).
¡Les aseguro que estaba completo!

Quedo estupefacta frente a tanta perfección en la Naturaleza.



16/11/09

Isla flotante

El domingo pasado tuvimos invitados a cenar en casa y se me ocurrió hacer de postre una Isla flotante. Entusiasmé a todos diciéndoles que era mi especialidad, así que tenía la obligación de que quedara bien. La cita era a las ocho y media.
En la mañana preparé la entrada y el plato principal para tener todo pronto con tiempo y dejé el postre para la tarde. Después de arreglar un poco la casa, un par de horas antes, me dispuse a comenzar con la preparación. Abrí la heladera muy confiada de que tenía todos los elementos necesarios y me encontré con tres solitarios huevos en la puerta.
“No me alcanzan”, pensé. Busqué el monedero y salí volando al almacén de la esquina.

— Una docena de huevos, por favor —pedí ansiosa al almacenero.

— No hay —me contestó refunfuñando.

Como era domingo y casi las siete de la tarde, estaban cerrando los pocos comercios abiertos del barrio, así que pensé dónde más podría conseguir huevos. Corrí al autoservicio a tres cuadras de casa y me dirigí directo a la góndola donde siempre están: no estaban. Miré a todos lados y no los divisé así que con voz y cara de desconcierto le pregunté a un empleado:

—¿Dónde están los huevos?

—Al fondo a la izquierda, al lado de la heladera con lácteos —me dijo sin levantar la cabeza.

Fui hasta el lugar indicado y tomé un paquete de una docena. Me apuré para llegar a la caja y, en el momento en que fui a pagar, me di cuenta de que dos estaban rotos, así que volví a la góndola y revisé hasta encontrar un paquete sano. En el camino agarré un kilo de azúcar, por las dudas, porque no recordaba cuánta quedaba en la alacena.
Pagué y con largas zancadas regresé a casa.

Miré al reloj: 19.10 h. Empecé a separar las claras de las yemas y en un instante de distracción rompí un huevo entero en el bol de las claras. Antes de que la yema se desparramara, abrí el cajón de los cubiertos en busca de una cuchara grande, pesqué la yema entera entre la gelatinosa albúmina y salvé la preparación.
Cuando fui a usar la batidora eléctrica comprobé que no funcionaba, así que tuve que hacer el merengue a mano. Se me acalambró el brazo de los nervios y por la tensión que ejercía sobre el tenedor. Me masajeé un poco y seguí batiendo enérgicamente hasta lograr el punto nieve.
19.13 h : Agregué algunas pasas de uvas y un chorrito de vainilla. Mezclé todo con movimiento suave envolvente en sentido horario.
Al ver que contaba con poco tiempo, opté por la versión microondas, así que busqué el molde con chimenea, le puse el azúcar con un poco de agua para hacer el caramelo a máxima potencia. Tres minutos. Me olvidé que el recipiente era de plástico, por lo que un momento después comencé a sentir olor a caramelo quemado. Abrí el microondas y desesperada comprobé la perforación del molde y el enchastre consecuente sobre el plato giratorio.

19.16 h: Decidí seguir el método convencional: ollita al fuego. Esta vez quedó a punto, así que lo esparcí en un molde de vidrio templado que me habían regalado cuando me casé. Lo llené con el merengue hasta un centímetro del borde y en dos minutos más de micro estaba cocido. Una vez frío lo desmoldé y dejé caer el caramelo por encima. Quedó perfecto. 19.23 h.
El gato ronroneaba y acariciaba con su cuerpo mis piernas buscando mi atención, pero yo no tenía tiempo para eso. El tiempo apremiaba.
Todavía me faltaba el sambayón, así que coloqué una olla con agua para el baño Maria y sobre ella un bol con las yemas y el azúcar. Esta vez usé un batidor manual, demoré una eternidad hasta lograr el punto.19.30 h. Finalmente agregué el vino garnacha y lo dejé enfriar.

Quedaba una hora para que empezaran a llegar los invitados.
Puse todo en la heladera para que se enfriara.
Me sentía agitada, nerviosa, y la cocina era un desorden. Lavé todo lo que había usado y dejé la cocina prolija por si alguien entraba. Repasé que todo estuviera en orden, miré nuevamente el reloj: 19.45 h. Me daba el tiempo para una ducha, me cambié y puse cara de "acá no pasó nada"
20.30 h: Llegaron nuestros amigos, yo ya estaba tranquila con la sensación de tener todo bajo control a pesar de los contratiempos.
Charlamos distendidos, cenamos y al finalizar el plato principal me dirigí a la cocina a buscar el postre.
Al ver en la heladera la Isla flotante blanquísima, sobre la fuente transparente, con el almíbar brillante en su punto caramelo cubriéndola, me sentí una artista. La puse sobre una bandeja y, con cuidado, con mis dos brazos semi alzados, la admiré por un instante antes de presentarla en la mesa. Con un pie intenté abrir la puerta de la cocina que estaba entornada, cuando impetuosamente entró mi esposo a ofrecerme su ayuda.
El choque fue tan inevitable que ni un malabarista pudo haber evitado la estruendosa caída.
Todos quedamos atónitos mirando el dulce desparramo. Yo tuve ganas de gritar pero, sacando fuerzas de algún lugar recóndito de mi ser, me contuve. Dibujé una forzada sonrisa en mi boca frente a todos y con aparente calma pregunté:

—¿Llamamos a la heladería para pedir un postre?

Mientras tanto, mi gato, radiante de felicidad, se ocupaba de limpiar el piso con su áspera lengua rosada.

31/10/09

Pasión griega




Orfeo, hijo del rey tracio Eagro y de la musa Calíope, desde muy temprana edad, impresionó a sus mayores por el don que tenía para las letras y la música.
Apolo, maestro de las ciencias y las artes quedó tan asombrado por la habilidad musical del joven que decidió regalarle una lira y le pidió a las Musas que le enseñaran nuevas melodías para que pudiera perfeccionarse.
El instrumento musical se convirtió en la permanente compañía de Orfeo, le agregó dos cuerdas a las siete que la componían y de ella brotaban melodiosas armonías que encantaba tanto a las fieras como a las rocas, los árboles y a las personas, haciendo que todo y todos se movieran a su son. Hasta tal punto llegó la perfección de sus talentos en el arte que supo emplear para suavizar las costumbres feroces de los tracios que logró hacerlos pasar de la vida salvaje a las dulzuras de la vida civilizada.
Fue su padre, Eagro quien le dio las primeras lecciones de teología y luego sus diversos viajes lo fueron perfeccionando al punto que se hizo un experto en el tema muy reconocido en toda Grecia. Viajó a Egipto, se unió a los Argonautas, y al regreso, deseando ya establecerse y cansado de tanto viajar, finalmente, tomó la decisión de casarse con Eurídice, de quien se dice era muy bella y por quien su corazón latía tan fuerte que el sonido opacaba el canto de los pájaros.
El día de la boda, Aristeo, hijo de Apolo, se acercó a Eurídice y por la fuerza mostró su deseo de hacerla suya. Ella, en el intento de escapar de sus brazos pisó una serpiente que la mordió provocándole la muerte. Orfeo, no soportó la idea de haberla perdido, y en un ataque de furia, tomó su lira y bajó a los oscuros infiernos donde reina Hades para tratar de rescatarla de entre los muertos y traerla de vuelta su lado. Con su música logró encantar a las divinidades infernales, las hizo sensibles a sus dolores y obtuvo de ellas que su mujer volviese a la vida con una única condición: que Orfeo no mirase hacia atrás hasta que ella hubiese llegado a la luz, fuera de los límites del infierno. Ella guiada por las notas musicales que emanaban del instrumento musical, siguió a su amado a lo largo del oscuro pasaje, esperanzada de volver a reencontrarse con él y así librarse del mundo de las tinieblas. Confiaba en que él cumpliría con la condición dada por Hades, pero la impaciencia de Orfeo fue mayor, olvidó la prohibición y en el momento en que la luz cubrió su rostro, giró su cabeza para confirmar que su amada lo seguía y en ese preciso instante la perdió definitivamente.
Después de la pérdida de Eurídice, insensible por completo a los encantos del amor, Orfeo miró con desdén a las Ménades, quienes en un arrebato de furor lo desmembraron y le cortaron su cabeza la cual tiraron al río Hebro. Ésta quedó flotando y siguió cantando hasta llegar al mar que la condujo a la isla de Lesbos.
Al pie del monte Olimpo yacen los miembros del más célebre músico de todos los tiempos y es en ese lugar donde hoy cantan los ruiseñores de la manera más armoniosa que jamás se haya escuchado.


Cuantas veces la tentación nos gana y por caer en sus redes perdemos la oportunidad de lograr lo tan deseado.



14/10/09

placer vespertino

¡Qué placentero es tomar una cortado espumoso a media tarde en la plaza Matriz!

Me dí ese gusto, hace unos viernes atrás, cuando repentinamente decidí salir del trabajo y no volver!!!

La tarde estaba fría pero el sol calentaba tímidamente a los transeúntes de la peatonal. Divisé una mesa libre al aire libre y sin dudarlo me senté.

- Un cortado por favor.

Al poco rato lo vi acercarse buscando estabilidad en la bandeja y se me hizo agua la boca.

Capturé la imagen antes de alterar la estructura del elixir vespertino y acá la comparto con ustedes. Lástima que no salió el humito...




11/10/09

Cena marítima liviana


El fin de semana pasamos por el puertito del Buceo, compramos algunos mejillones y camarones.
A la hora de cenar, no lo pensé dos veces: sartén al fuego con un poco de aceite de oliva.
Volqué los bichitos de mar después de lavarlos bien, un poquito de sal y pimienta y a los dos o tres minutos, ajo y perejil picado.
Mmmm, el aroma invade la cocina. De acompañamiento, una ensalada verde muy fresca y nada más.
Bueno, nada más... comestible, el blanc de blancs helado no faltó.




08/10/09

Curiosidades de Montevideo

















Innumerables son las veces que he pasado por 18 de Julio y Yi sin haberme percatado nunca del nombre de esta fuente. Según averigüé, fue traída de Puerto Vallarta y estaba la pobre seca y sin atractivo alguno, penando en la frecuentada esquina montevideana; hasta que a la gente del Bar Facal se le ocurrió revivirla hace unos dos años, con la intención de convertirla en un atractivo turístico. Parece ser que la idea fue una pegada.

Hace unos días pasé esperando ver a una pareja que baila tango en una tarima al lado de la fuente. Me desilusioné al no encontrarlos, entonces desvié mi mirada a la fuente y me encontré con la placa que tiene inscripta una leyenda de amor. La observé con más detenimiento y mis ojos encontraron una enorme cantidad de candados de todas formas, tamaños y colores. Todos con nombres o iniciales (obedeciendo a la leyenda), los que seguramente fueron colocados por enamorados que se juraron amor eterno y esperanzados habrán vuelto en algún momento para reasegurar que "su amor vivirá por siempre".







04/10/09

duerme, duerme Negrita...

Hoy me despido de vos diciéndote " duerme, duerme Negrita..."
Tan solo quiero decir que tu música, tu voz , tus palabras flotarán eternamente entre nosotros.